
Me declaro enemigo de la industria farmacéutica; de toda. Incluyo en mi enemistad hacia dichosa industria, los expendios, las droguerías, los visitadores médicos, los publicistas, pero por sobre todo, el aprovechamiento de conocimiento versus la necesidad de progreso y éxito humano, en conjunción con los ensayos clínicos versus el aprovechamiento de los pacientes del tercer mundo para tales prácticas.
Soy apolítico, más por tanto, deseo elevar tal categoría: Me declaro enemigo de los gobiernos, de todos, sin excepción geográfico, género y proyección histórica.
Me declaro enemigo de la jerga maracucha.
Declaro a Cabimas como ciudad no grata para mí.
Me declaro enemigo de la música vallenata, y toda música del populacho.
Más por esto no me declaro enemigo de los gentilicios; me considero hiperempático ante la gente pura, y por tanto me siento en la obligación de respetar sus gustos, por tanto en las críticas a los géneros sociales, exento el factor humano-espectador-diletante de mis ataques.
Me declaro enemigo de la inconsistencia; y héroe de la perseverancia.
Declaro a la mentira corporativa como infecciona y mal intencionada.
Y declaro al universo como mi hogar.
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::Ed & Impío::