
-----Sobre el otro lado del pasillo, y luego de una extenuante experiencia en la calle, Héctor arriba a los confines de las áreas administrativas donde sus dominios se extienden jerárquicamente. Como cada mañana al llegar a las oficinas, la promesa del trabajo se pintaba en su pecho con tan sumo orgullo que, pareciera llevar allí unos cuantos años. Era de admirar su actitud altiva, más que todo porque la realidad le daba apenas escasas dos semanas dentro de la empresa, pero su rango, su experiencia, su humanismo, aquella educación tan extendida y tan sabia lo habían convertido en el modelo ideal de cualquier organización en crecimiento. Sus políticas, su corazón, su pensamiento y su lánguida apariencia emanaban respeto en todas las esquinas de su ropa, su elegancia sublime se consagraba en aquella mirada pendiente, en aquella frente tan lúcida, y en esa suspensa cultura empresarial que consigo llevaba. Al tocar el pomo de la puerta de su oficina, y observar desde afuera entre el cristal, el orden de su escritorio y el gafete que lucía su cargo, pensó, y con decisión de gerencia proyectiva, soltó la puerta y se dispuso a recorrer las instalaciones.
-----Aunque había gastado 3 días en la inducción recorriendo las instalaciones, sabía que no había sido suficiente pues, no conocía bien las áreas de trabajo. Contrariamente ya todos lo conocían, así que por reglas generales inclinaban la cabeza al verlo y le saludaban al tenue estilo de los marineros. Ya sobre el almacén, comenzó hacer notas mentales de los “correctivos” que debería recomendar para aplicar a las áreas, su política siempre estaba dirigida a la seguridad tanto física como emocional de los trabajadores ¡pero en un instante!, un pequeño atril astuto detuvo su razonamiento y lo hizo reaccionar.
------Oiga amigo, ¿puede venir acá un momento? –Dijo, con suave voz, no sin dejar plantada una sonrisa grata en su rostro-, sí, es con usted, por favor. –Prosiguió, notando que el joven a quien había llamado lo ignoraba. Pero en su andar notó que aquél joven muchacho seguía su camino, por tanto lo siguió apretando el paso, y al estar cerca, lo tomó del brazo.
------¡Amigo disculpe pero, le estoy hablando!
------Sí, ya lo sé…
-----La seguridad del trabajador lo arrinconó, pero con tanta experiencia en relaciones interpersonales ¿qué tamaño caso? Uso su persuasión con sumo estilo y tomó las referencias estudiadas para abordar el caso.
------¿Por qué hizo eso? –Le dijo al joven, y como antes, no sin dejar su sonrisa.
-----Al no recibir respuesta, hizo retroceder al muchacho aún teniendolo del brazo, hasta el sitio donde se encontraba la evidencia que exigía su veredicto. Con la misma gracia, señaló el punto exacto e hizo que el joven mirara hacia allá.
------¿Qué, eso? ¡Bah!...
-----Una oscura mancha sobre la razón de Héctor fundía su paciencia, aunque su persistencia se mantenía, exigida, más allá de las apariencias fundamentales y sobre la naturaleza humana. Notar no solo que de respuesta carecía, para él era un reto, una razón más para demostrar su experiencia y sus conocimientos en el trabajo, un gerente siempre pensaba así, y debía pensar así, sobre cualquier especulativa, cualquier contratiempo o problema, la supremacía sublevada de su imperio personal y presencia crética debía apuntar hacia el ganar, pues, en estos menesteres oficiosos no hay otro camino.
------Lo hice… ¿Y qué con eso? Pues aquí… ¡los que estamos aquí!, siempre lo hacemos.
------No es tanto lo hecho mi joven amigo, es el cómo de este hecho, la acción de hacerlo, !pues claramente pude ver la gracia que usó al hacerlo, pude notar el orgullo en su pecho cuando lo hacía!, el movimiento elástico y hábil de su cuello, de su boca, de su lengua… -se detuvo, razonando que debería sonar más sencillo ante aquél trabajador. –Es el estilacho pues, como dicen por ahí, y es lo que me ha dado curiosidad, quiero saber no solo por qué lo hizo sino por qué tanta pasión al hacerlo.
-----El joven lo miró, y valiéndose de su empirismo aguantó su ganas de salir corriendo y lo enfrentó.
------Porque es lo único que nos queda… Porque nos hace sentir bien, pero voy hablar yo solamente, no por los demás. Escupí el piso como todos los días escupo el logo de la empresa, las paredes y todo lo que me provoque escupir, así como usted camina grandote por los lugares de la fabrica, así escupimos a veces para dejar nuestra marca… -Una marca humana, una marca que predomina desde las sienes de la mente hasta la composición física de las formas, un espacio recreativo y vacacional que hace entender que no nacieron para eso, que en la vida hay más que puros conceptos, que el cielo realmente no existe pues la vida es quien predomina con su fuerza y la sociedad quien aplasta con su voluntad, y en un rincón de este espacio un sencillo momento, un pequeño gargajo lanzado con gracia, con estupefacta opulencia, con sincera aristocracia puede ser mejor que cualquier título universitario, que cualquier experiencia progresista en instalaciones comerciales, financieras e industriales, un pobre moco al aire desde la boca es más imponente que cualquier cheque de pago, es sin duda ¡la esperanza misma! ¡La fuerza de corazones que no se dejan marchitar! Y por consecuencia no pueden dejar de hacerlo- Y no me arrepiento –continuó el joven- porque si no escupiera me quedo seco… Aquí nos niegan todo, aquí nos viven echando cuentos a cada rato, nos dan charlas, nos dicen que la ley cubre esto pero no lo otro, que el seguro es hasta tal monto y lo demás lo pagamos nosotros, que los feriados hay que venir pase lo que pase, pues entonces señor gerente, escupir es lo único que nos queda y somos expertos en hacerlo.
-----Y era un merito propio, porque al igual que la jornada laboral nada les era reconocido. Héctor sintió tantos cúmulos sobre su pecho, tanta literatura gerencial quizás, que la tormenta de ideas en su cabeza cesaba ante las vagas ideas de su corazón, de su subconsciente. Aunque la sanción sería la justa frontera, la clara cerca que indica en grande el límite entre lo grosero y el deber ser, apretando con fuerza el brazo del joven y mirándolo filosamente a los ojos, le dijo.
------¿Me enseñas cómo hacerlo? –Y sobre su cara se mantuvo su sensible sonrisa.
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AudioPost: Gaetano Donizetti - Linda di Chamounix - Linda Si Ririto (Act II) (Juan Diego Flórez).
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::Ed::